por Christian Gadea Saguier
La represa hidroeléctrica que Paraguay comparte con Argentina -Yacyretá- a pesar de traer numerosas ventajas económicas para ambos, continúa siendo foco de demandas sociales para el primero. Hoy surge el caso de unas 100 familias quienes viven en la Isla de Yacyretá "en condiciones infrahumanas", sostine el obispo diocesano Mario Melanio Medina, según publica hoy el matutino ABC.
"Que sean consideradas de importancia las familias en vez de los monos, carayá, víboras, pitogue, ñandai y loros, etc.", dijo el obispo durante su homilía en la misa en honor al santo patrono, San Ignacio de Loyola, aprovechando la presencia del vicepresidente, quien participó de la misa y comulgó en la ceremonia religiosa presidida por el citado obispo.
Este es un ejemplo más de la mediocridad en la gestión del Estado, puesto que no es posible que unos ciudadanos tengan que recurrir a una sotana para ser escuchados. Bueno, parte de la realidad que vive Paraguay es esta, puesto que de lo contrario Fernando Lugo, un ex obispo, no habría sido electo como Presidente.
En la oportunidad, el obispo denunció que en la isla Yacyretá viven 127 familias, que en total son unas 600 personas, asegura la nota de ABC. Añadió que las autoridades de la Entidad Binacional Yacyretá, tanto del lado argentino como del lado paraguayo, consideran la isla de 8.000 hectáreas como una reserva natural. Según el prelado, con esa mentalidad se privilegia a los monos, carayá y las víboras. "Por qué no se dan 3.000 hectáreas para la reserva ecológica y 5.000 hectáreas se distribuyen a los isleños", preguntó.
La Iglesia en Paraguay cultiva de la pobreza en los ciuidadanos y luego solicita al Estado una solución al respecto. Un ejemplo tenemos en la situación relatada. Me pregunto, dónde quedó para la Iglesia en Paraguay la preparación del espíritu y la vida consagrada para llegar al "cielo" mejor preparado. Es sobre esto lo que tratan las religiones, pero ante los estómagos vacíos de sus feligreses, en Paraguay encuentran la oportunidad de bajar del pulpito para entregar alimentos, manipulando de esta forma todo el sentido de conversión espiritual.
Esta opción social por parte de la Iglesia constituye también una debilidad de su mensaje espiritual, puesto que no de existir estas demandas en el país podrían quedar con menos feligreses, al tener los ciudadanos su propia autonomía. En este caso, tanto la Iglesia como el Estado son parte del problema, pero solamente al segundo le corresponde velar por la calidad de vida de sus ciudadanos. Por parte de la primera, sería bueno que cultive en su mundo, que no es este según asegura su libro sagrado.
La laicidad, tal como mencioné en la nota pasada, debe quitarse el corset que postula la separación del Estado de la Iglesia, y tomar oxigeno para ser un vehículo de garantía democrática entre sus ciudadanos. Por lo tanto, esto pobladores deben reclamar al Estado la solución y está en nosotros como ciudadanos el apoyar sus reclamos; caso contrario, casa vez publicarán más homilías considerándose los protagonistas de la solución cuando son los actores del problema.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada