Por Christian Gadea Saguier
La Iglesia Católica inició el viernes el Año Sacerdotal. El papa Benedicto XVI estableció este tiempo de reflexión con motivo del 150ª aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, según el Vaticano. Ese hombre dicen que fue un gran santo y hoy es considerado modelo de vida sacerdotal, de entrega, servicio y amor. Es un tiempo muy especial para reflexionar de manera eclesial sobre la vida y misión de los sacerdotes. El Año Sacerdotal se celebra en un momento en que se denuncia la infidelidad de los sacerdotes, puesto que algunos no respetaron el celibato y la castidad; otros fueron denunciados por abusos.
La Iglesia en Paraguay tiene alrededor de 700 consagrados, entre diocesanos y religiosos, para una población de 6.000.000 de habitantes. De 10 postulantes solamente llegan entre 3 y 4. En el interior de esta comunidad se debate el tema del celibaro, sobre todo luego que un exobispo asumió la paternidad de sus hijos al llegar al sillón presidencial.
En una nota publicada en ABC, el presbítero Silvestre Olmedo contesta a la cuestiones planteadas por
Aníbal Modesto Velázquez. Aquí unos extractos para entender la mentalidad de estos hombres.
–¿Cuál es la misión específica del sacerdote?
–Son tres: evangelizar, llevar la buena noticia a todos los hombres y denunciar los abusos y los pecados. Segundo, la santificación del pueblo de Dios desde los sacramentos, y la tercera misión es guiar y conducir el rebaño, teniendo como modelo a Jesús.
–El sacerdote sigue siendo un referente importante de la sociedad.
–Para la comunidad, somos los guías espirituales y nunca debemos perder esa condición. Esa confianza es muy importante.
–¿Cómo ven actualmente el interés de los jóvenes por la vocación sacerdotal?
–Hay un aumento vocacional, pero algunas aparecen variaciones; un año tenemos muchos candidatos, y en otras ocasiones, disminuyen. El promedio de los que llegan, en cambio, está entre el 30 y 40 por ciento.
–¿Cómo reacciona cuando saben que uno de ustedes están en problemas y tiene que abandonar el ministerio?
–El abandono del ministerio es un momento doloroso para la Iglesia y más aún para nosotros porque se trata de un amigo. Personalmente, trato de mantener la amistad y la cercanía con quienes abandonaron el ministerio.
–Cuando ocurre un escándalo, siempre se trae al tapete el celibato y se dice que se debería levantar para que los sacerdotes también tengan una familia.
–El celibato puede ser un problema, pero al mismo tiempo la solución. Hay factores ambientales, personales, de orden espiritual que contribuyen para que uno abandone el sacerdocio. No hay un factor único, pero en las jornadas del clero siempre se analizan los problemas que atravesamos y nos ayudamos a superar. La primera semana de julio realizaremos una jornada nacional del clero para analizar nuestra vida consagrada y la situación que atraviesa el país.
–¿Levantar el celibato sería la solución a los escándalos?
–Tal vez para algunos, pero para otros no. Es muy relativo porque no se puede juzgar si eso sería la solución.
–Pero ya hay una gran corriente que quiere que se levante el celibato.
–Existe ese grupo que apoya la abolición del celibato y otro en que se mantenga.
–¿No cabe la posibilidad de crear una congregación de sacerdotes casados?
–Creo que aún no se dan las condiciones, además, no hay un movimiento tan grande para que eso suceda.
–¿Qué piden a los fieles?
–Que trabajen muy de cerca con nosotros. A los laicos, que nos vean con nuestros defectos y cualidades. Que la comunidad eclesial sepa comprender que todos debemos ayudarnos en la edificación del reino de Dios. Debemos trabajar juntos por la comunidad y no por el sacerdote o en su contra. Debemos ser amigos.

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