Por Christian Gadea Saguier
Néstor Fabián Centurión Afara trabajaba en el Centro Cultural de España Juan de Salazar (CCEJS) como fotógrafo contratado para trabajos ocasionales. El martes 27 de junio denunció que fue despedido "injustificadamente" de la institución debido a sus críticas hacia unos graffitis plasmados en el local que -afirma- son "un ataque directo a la Iglesia Católica". Sin embargo, existe otro lado del hecho: la directora del Centro asegura que ante la falta de creatividad en su labor dejó de ser contratado, sin otra justificación.
El diario Ultima Hora se hizo eco del hecho y realizó una nota a Néstor, en la que expresa sus "declaraciones de repudio" contra unas imágenes plasmadas en las paredes del interior del CCEJS, las que "desacreditan, insultan y hasta podría decirse que denigran a la Santa Iglesia Católica en la propia persona de nuestro Sumo Pontífice el Papa Benedicto XVI".
La nota del periódico indica que el ex funcionario solicitó en la nota enviada al nuncio que repudie, igualmente, dichos grafitis a fin de que los responsables "se rectifiquen por sus acciones u omisiones en lo concerniente al mensaje explícito plasmado en las imágenes".
Convercé con la directora del Centro a tempranas horas del miércoles 28 y me aseguró que ya remitió una atenta nota al director del diario ante las versiones publicadas en su edición online. En la misiva indica que no es misión del Centro Cultural definir y menos imponer la expresión cultural de los artistas que exponen trabajos allí . "Nosotros jamás les dirámos qué tienen que hacer y que no... eso sería atentar contra la libertad de expresión", me dijo la titular del centro cultural que más invirte en Cultura en Paraguay.
El hecho en así no trascendió más que la nota publicada en el matutino señalado, tan siquiera la Conferencia Episcopal ni la Nunciatura se hicieron eco del tema, actitud que habla sobre un respeto a la libertad de expresión, un sentido que es tan antiguo como el hombre mismo pero que todavía falta afianzarlo en algunos ciudadanos paraguayos.
La expresión artística de la polémica retrara satíricamente el clericalismo de no pocos obispos en Paraguay, una doctrina que instrumentaliza la religión Católica con fin político; defiende que el clero que la representa puede y debe inmiscuirse en los asuntos públicos y profanos como un poder que los oriente, supervise y corrija conforme a sus dictados.
Otras sociedades han entendido muy bien que este tipo de expresiones artísticas constituyen un derecho a la libertad de expresíon. Esperemos que así lo entienda una sociedad que eligió como presidente a un obispo.
Lo ocurrido es similar, pero con menor magnitud, a lo que ocurrió en otras latitudes hacia 2005, cuando unas caricaturas de Mahoma se conviertieron en el centro de una importante controversia política, luego de que el 30 de septiembre del mismo año se publicaran 12 caricaturas satíricas en torno al fundador del Islam. Bueno, la diferencia es que la religión islámica prohíbe cualquier impresión de su profeta, en cambio los Católicos hacen ícono del suyo.
Los caricaturas fueron impresas por el periódico danés de derecha Jyllands-Posten, como una ilustración satírica que acompañaba un artículo sobre autocensura y libertad de expresión. La nota comentaba el hecho de que ningún artista se atrevía a ilustrar los libros infantiles del autor danés Kare Bluitgen sobre Mahoma, a menos que se garantice el anonimato de su trabajo, alegando que tienen miedo a las represalias de musulmanes extremistas, dado que según las creencias islámicas está prohibido representar la figura de Mahoma -aún de forma positiva- pues consideran que puede dar lugar a la idolatría.
